BLOG DISTRITO UVE

-El blog de los oídos inquietos-

  • Vane Balón

MIEDOS EN LA MATERNIDAD: TE CUENTO LOS MÍOS Y CÓMO LOS AFRONTO



Los miedos en la maternidad a veces se esconden, y este comportamiento responde a una presión social, familiar o personal que impide poder mostrar lo que sentimos porque creemos no cumplir con lo que se espera de nosotras/os (madres y padres). Así que quiero contarte mis miedos y cómo los afronto porque son parte de la realidad de ser madre y padre. De hecho en mi caso los miedos estuvieron presentes desde que me enteré que iba a tener un bebé. Así de directa y sincera me quiero mostrar desde este primer párrafo porque estoy cansada de textos edulcorados: necesitamos más realidad y menos ensoñaciones.


Como siempre mantengo en conversaciones con mis amigas, mi familia cercana y mi gente de vínculos variados (madres y padres del colegio de mi peque y gente que aprecio del sector profesional) hay dos caras de una misma moneda en la maternidad: la visión positiva y maravillosa de ser madre y la realidad, mucho más dolorosa por los tramos oscuros que se han ocultado siempre y que desde hace algunos años se van mostrando sin miedos -aunque sí con críticas abundantes desde visiones conservadoras-. Pero tanto lo bonito como lo oscuro forman parte de ser madre y padre, y me gusta abordarlo.


Precisamente por querer aportar mi granito de arena al cambio en lo que al tema de maternidad y paternidad se refiere, decidí poner en marcha esta sección de Maternidad y Música aquí en el Blog de Distrito Uve. Simplemente es mi desahogo emocional unido a los conocimientos que voy adquiriendo como madre dedicada en cierto modo al ámbito musical, sin pretender sentar cátedra ni adoctrinar: solo servir de muestra aportando mi propia visión para que sirva de apoyo a quien quiera leer. Madres y padres hay much@s, y creo firmemente que ninguna visión (moderna o clásica) es mejor o peor: simplemente son diferentes.


¿CÓMO VIVO LA MATERNIDAD DESDE QUE SUPE QUE IBA A SER MADRE?

Quiero ponerte en contexto: durante 14 largos meses intenté quedarme embarazada hasta que lo conseguí. Nos iban a hacer pruebas de fertilidad a mi marido y a mí porque francamente nos estaba costando lograr el embarazo, pero por fin se generó ese precioso momento en el que ves que el test te anuncia ese anhelado positivo. Siempre quise tener un bebé, preferiblemente niña, de hecho tengo el nombre de Nadine en mi mente desde que yo era adolescente, pero nunca me había parado a pensar en todo lo que conllevaría ser madre. Y esto no me cuesta expresarlo ahora que mi peque tiene 4 años y medio, aunque es poco tiempo si lo comparas con nuestras madres o abuelas ejerciendo como progenitoras, pero sí el suficiente para poder haber aprendido un poquito sobre los altibajos emocionales y los dichosos miedos.


Tuve muchos miedos en la maternidad desde el primer segundo que vi aquella prueba positiva de embarazo en noviembre del 2014, y me costó asimilarlos y exteriorizarlos en los primeros meses de madre con mi bebé en brazos. En parte me costó por la presión autoimpuesta ("debo ser la mejor madre porque es lo que se espera de mí", y "no debo quejarme porque es lo que hay"); también por la presión social (debes ser la mejor madre y no fallar en tu discurso: no te puedes quejar porque es lo mejor que te ha pasado en la vida, y si te quejas te dirán eso de "no haberla tenido" que es una respuesta encontrada a menudo tan simplista como dañina...).


Así que los primeros meses de tener a mi peque fueron un cúmulo de frustración porque la realidad es brutal a muchos niveles, al igual que el cambio personal, familiar, social... que no es tan crudo como a veces se cuenta pero que sí afecta a algunas cosas que tienes que hacer de diferente modo al que realizabas no teniendo descendencia. No pasa nada, esto es lo de menos y te adaptas pero fui la primera de mis amigas en tener la criatura, así que en las conversaciones en las que intentaba desahogarme a veces me decían que era un poco exagerada. Otras veces quedábamos y llegaba tarde porque necesitaba dos horas mínimo para preparar a la peque y luego prepararme yo, y les parecía mucho tiempo previo: "¡qué exagerada, dos horas para preparados!" me decían entre las risas las jodías... En otros momentos íbamos a salir de casa y se vomitaba o cagaba encima justo al cruzar el umbral de la puerta (esto le sonará a más de una mamá y de un papá jajaja), así que llegábamos muy tarde a las quedadas por esos imprevistos y les sonaban a excusas, o de camino había vomitona en el coche y tocaba dar la vuelta a casa y anular planes...


Hubo alguna puesta en duda de que en verdad no queríamos quedar y poníamos de excusa a la peque, jajajaja, ¿en serio? Ahora me río pero en su momento fue duro: me sentí sola y se lo he dicho varias veces a mis amigas porque son años de amistad (de media 15 años, que no es poco precisamente) y hay confianza. Lo saben, y han comprobado en sus propias carnes que lo que pensaban que eran a veces excusas simplemente eran casualidades, de hecho cuando tuvieron a sus peques fueron comprendiendo que los imprevistos forman parte del día a día -y que lo de planear pasa a un rincón histórico que vas retomando conforme pasa el tiempo y va creciendo la criatura... Jajajajajajaja-.


¿CUÁNDO ME EMPEZARON LOS MIEDOS EN LA MATERNIDAD?

Entre todo el peso de la mochila emocional que implica la maternidad hay una losa enorme que nunca he sido capaz de quitarme: el miedo a que la peque se ponga enferma. En parte se debe a mi vivencia, que es la que quiero compartir aquí contigo. Estoy trabajando mucho en superar todo lo que hemos sufrido y ya he conseguido mitigar bastante ese miedo mencionado. Pero aún me queda trabajo por hacer.


Todo empezó cuando me detectaron que el cansancio no era normal. En torno al cuarto mes y medio de gestación seguía cada día como si me hubieran dado una paliza. Yo no entendía bien a qué se debía, dando por hecho que tenía que ver seguro con la sintomatología del embarazo, así que en cada revisión con la matrona le comentaba que estaba cansada pero ni una ni otra le dábamos mucha importancia.


Resulta que desde mi primera consulta con la médica de cabecera con la prueba de orina ya confirmando que había bebé ella había entrado en conflicto con la matrona: una decía que sí debía tomarme yodo extra y otra que solo ácido fólico. Así estuve solo con ácido fólico todo el primer trimestre y parte del segundo hasta que en el segundo trimestre, en un control rutinario en otro centro de salud al que te derivan para eco normal, comenté que estaba muy cansada a colación de una pregunta de aquella doctora: «¿duermes bien? Tienes un tono pálido mayor de lo normal. Bueno, te habrán mirado tiroides en los últimos análisis, voy a ver».

Pero no me lo habían mandado. Tanto en el primer trimestre como en ese no me habían marcado esa casilla, así que la tiroides estaba sin mirar. Me mandó repetir análisis cotejando los valores de tiroides de manera urgente y entonces todo cobró sentido: había desarrollado hipotiroidismo gestacional y, con todo aquello comenzaron las incertidumbres y miedos en la maternidad al no poder controlar absolutamente nada que tuviera que ver con la salud mía y de mi peque.


EL EMBARAZO Y PARTO FUERON NORMALES


Mi embarazo fue bueno: sin anomalías complicadas salvo desarrollar hipotiroidismo gestacional, alguna náusea aislada en el primer trimestre, hambre continuo e hinchazón de pies y tobillos hasta el día de dar a luz.


Incluso con el tema musical puedo decir que sentía lo que escuchaba de una manera mucho más intensa y profunda que antes de tener dentro a la peque (y ya es decir: la música es esencial en mi vida, hasta el punto de irme de bares o tiendas si me resulta desagradable). Embarazada grabé la última temporada del Podcast Is My Sound -emití entre 2013 y 2015- con mi peque a bordo (cuando terminé de emitir estaba de 5 meses y pico, con una barriga lo suficientemente grande como para aguantar poco tiempo sentada en la silla del escritorio, jajajaja).


Aquella etapa fue curiosa porque desarrollé poca tolerancia a la música altamente extrema como el Grindcore, Death Metal, Black Metal, Deathcore, etc. y me afiancé mucho más en el Rock alternativo, Hard Rock, Instrumental (Post Rock, Ambient y demás escisiones). Y hasta quedarme embarazada consumía muchísima música extrema dentro del Metal durante años. Fue dar a luz y retomar de nuevo las escuchas de bandas extremas. Sigo sin entender exactamente a qué pudo deberse: la peque escucha Metal variado, Rock, Punk, clásicos ochenteros, pop, funk, dance... variadito, pero en el coche nos pide Hamlet ("los que gritan" dice, jajajaja), o música "de zombies" (así llama al Rockabilly y Punkabilly porque a veces emiten sonidos como gritos agudos y lo relaciona con la parte de Halloween que le encanta).


El parto se dio muy bien, a pesar de que llevaba una semana fuera de cuentas. Un lunes iba a ingresar para inducírmelo y ese domingo a las 22.30h empezaron las contracciones. Pasaron solo 14 horas y conocimos a nuestra hija a las 12:58h del mediodía. Los miedos se agudizaron, y más durante las 2 horas de lloros ininterrumpidos de la peque. No me cogía el pecho -estuvo un día sin casi comer- y yo estresada porque creía que debía saber cómo calmarla, cómo darle el pecho... Ahí ya comprobamos que esto iba a ser una aventura curiosa y entretenida. Además, nos quedamos ingresadas tres días más porque le habían detectado algo anómalo en el corazón. Al final nos dieron el alta y la fueron vigilando. Se trataba de un soplo y un ritmo cardíaco especial que no ha trascendido y ya está superado.


DESPUÉS LLEGARON MÁS VIVENCIAS DE SALUD QUE AGUDIZARON MÁS LOS MIEDOS EN LA MATERNIDAD

Efectivamente echando la vista atrás siento una tristeza cuando recorro el tramo entre los 9 meses y los 2 años de vida de Nadine que incluso omito hasta ver fotografías de ese tiempo. La realidad es que no lo hemos tenido fácil, y quien nos conoce lo sabe (familia y amig@s íntim@s). Voy a hacer un esfuerzo porque documento lo que voy a contar con poquitas fotos pero he tenido que revisar, revivir... Así que ya empiezo a generar lágrimas...


Resulta que a los 9 meses de vida de Nadine un accidente fortuito en casa hizo que la peque se partiera la tibia y el peroné de la misma pierna. Justo fue en la etapa en la que ya se empezaba a sostener ella sola de pie. Aquella visita al hospital de urgencias, con ella sollozando y gritando sin comprender qué pasaba no la olvidaré nunca. El no poder hacer nada más que darle besos, y aquel temor a no saber qué le estaba pasando es una de las sensaciones más horribles por las que he pasado. Impotencia, miedo, angustia y ansiedad se adueñaron de mi vida en aquel instante hasta que nos atendieron...


Al valorarla visualmente ya nos adelantaron que no pintaba bien y que había que hacerle radiografía: imagina el percal de un bebé de 9 meses aterrorizada, con su madre poniéndose un chaleco metal de protección por la radiación para estar en la sala sujetándola mientras a ella le habían atado en un saco metálico también sobre una tabla de su tamaño para poderla inmobilizar y hacer la radiografía pertinente que desvelase el daño real...


Estoy escribiendo y llorando desconsolada mientras rememoro pero, ¿sabes qué? Que me da igual llorar porque así me purgo.


De hecho esta sección de Maternidad y Música es precisamente una purga para mí y, espero, que sea también una ayuda para otras madres y otros padres que han pasado vivencias jodidas. Se tiende a silenciar de la maternidad la parte oscura, la del miedo, la del dolor, la de las inseguridades... pero esa parte está muy presente también cada día además de la dulce y se debe contar -o al menos naturalizar más-. Por eso aquí estoy contándote todo esto con el corazón en la mano y en carne viva, te lo juro.


LO QUE VINO DESPUÉS DEL HOSPITAL

Cuando nos dijeron que la peque tenía la pierna rota nos desmoronamos su padre y yo. No nos creíamos que hubiera pasado aquello y de la manera más poco probable (una caída de la abuela con ella en brazos). Las secuelas de mi madre no fueron físicas, pero aún hoy es hablar del tema y echarse a llorar. Pero como siempre le hemos dicho estas cosas pasan, y en ese momento le ocurrió a ella como pudo pasarme a mí, o a mi marido o a cualquiera que la cogiera. Es así, y nunca jamás hemos cambiado ni de opinión ni de discurso. Tampoco cambio lo ocurrido porque aprendimos mucho en poco tiempo, y nos unimos mucho más como familia. Siempre se puede sacar algo positivo de algo tremendamente negativo, y eso es lo que hemos hecho.


Retomo vivencia. Nos dejaron a Nadine con una férula un mes, y el segundo mes escayolada desde el pie hasta la ingle, insistiendo en que no podía apoyarse. No se la podía bañar y no podía ni debía moverse nada... Jajaja... Me río ahora tranquila, pero en su momento estábamos realmente asustados: con lo inquieta que nos salió sabíamos que iba a ser complicado cumplir con las indicaciones, pero afrontamos la situación sin pararnos casi a analizarla porque estábamos desbordados con lo acontecido.


Dejando a un lado el miedo empecé a solucionar algunos temas: me inventé el baño en seco que consistía en meter a Nadine en la bañera vacía, desnuda, con una esponja mojada en jabón pero bien escurrida, y luego otra esponja seca para recoger ese jabón y secarla después con la toalla. A todo esto implementamos un despliegue importante de juguetes que en teoría debían flotar para entretenerla, pero que en esa realidad nuestra se quedaban en el borde y volaban, jajajaja.


Nos llegamos a vendar la pierna con una toalla blanca para que Nadine no se sintiera rara con la escayola puesta, y jugamos a sentarnos con la pierna estirada como si fuera algo normal. Construí una almohada adaptada para elevar la pierna en la silla de paseo y en la cuna, y la llevábamos a todas partes.


Le firmamos la escayola y se la decoramos. En la foto se ve una parte de los dibujos: acabó abarrotada de firmas y dibujos, jajajaja.


Si ves más fotos de aquellos dos meses -las pocas que hicimos- la peque casi no dejó de sonreír ni un segundo. Pero su padre y yo en la intimidad llorábamos por miedo a que le quedase alguna secuela, o que en algún esfuerzo de la peque intentando ponerse de pie -porque burra nos salió un rato y se intentaba poner de pie en la cuna a toda costa- generase algún daño irreversible. Fue horrible.


Pero llegó el día de la revisión, le cortaron la escayola que le habíamos firmado y decorado, y con la nueva radiografía se comprobó que había soldado -hecho callo según nos explicaron que es muy bueno- y hasta hoy. Pero no nos íbamos a librar de hospitales...


MÁS HOSPITALES Y MÁS MIEDOS EN LA MATERNIDAD

Lamentablemente no nos deshicimos de los hospitales. Lo que voy a contarte fue en el mes 11 de la peque, 2 meses después desde que se partió la pierna. Teníamos fecha para casarnos mi marido y yo por lo civil en el Juzgado de Valladolid un jueves 14 de julio del 2016 (llevamos juntos desde el año 2.000, pero formalizamos en modo express), y dos semanas antes la nena había tenido fiebre que mantenía esa misma semana vísperas de la boda civil. Habíamos ido a varios sitios: pediatra del Centro de Salud dos veces, hospital público, hospital privado...


Las fiebres iban y venían de manera recurrente, regulándose muy mal. Eran temperaturas que oscilaban entre 38.5 hasta casi 40 cada 4 horas, así que visitamos de nuevo al pediatra, que nos derivó a urgencias del Hospital Río Hortega (Valladolid) porque no le había visto foco alguno. En el hospital nos decían que éramos primerizos y que no teníamos que preocuparnos por las fiebres, que era normal que a veces ocurrieran así, recurrentes. La peque llevaba ya con fiebres que no se regulaban varios días, pero no le hicieron análisis de sangre ni de orina: simplemente nos mandaron a casa porque «los primerizos siempre exageráis con las fiebres».


Seguíamos sin verlo normal, así que regresamos a nuestro pediatra del centro de salud y nos daba la razón en que no era normal tantos días de fiebres y que volviésemos a urgencias si la peque seguía así.


Llegó el día de la boda y la fiebre estaba algo más contenida así que firmamos, comimos y por la tarde regresó la fiebre alta. Así que nos llevamos a la peque al Hospital Campo Grande (seguro privado) dispuestos a no marcharnos hasta que nos hicieran caso porque estábamos desesperados porque no nos hacían caso en el la pediátrica del otro hospital. Contamos de nuevo todo lo acontecido en las últimas dos semanas y decidieron realizar análisis de orina, de sangre... Y tras hora y algo de espera nos dijeron que la dejaban ingresada: estaba muy grave, con una infección generalizada tan severa que pasamos 48h en vilo porque la cosa era seria.


Horribles aquellos dos días con sus respectivas dos noches. Sin más detalles. A las 48h empezó a remitir lo que sospechan que era: infección aguda de orina extendida por el paso del tiempo sin tratar, unida a una infección de las vías respiratorias altas. Todo esto no se pudo confirmar porque llegó tan mal la peque a urgencias que le pusieron un antibiótico muy fuerte para combatir cuanto antes la infección, pero por el cuadro presentado fue lo que nos comentaron.


Cuando salió de zona de peligro nos explicaron que si le hubieran hecho análisis de sangre y orina en su momento -en vez de mandarnos a casa como primerizos exagerados- es posible que ya se hubiera detectado la infección. No lo podían asegurar -fueron muy respetuosos con sus colegas de profesión, algo que entendemos perfectamente- pero nos confirmó: «Os voy a ser sincero: temimos por la vida de Nadine porque vino muy mal». Esto nos explicó el doctor cuando la peque estaba ya bastante mejor.


¡Joder! Qué rabia y qué impotencia sentimos al escuchar todo aquello... Si hubiéramos plantado cara a quienes nos atendieron la primera vez lo mismo la peque no habría tenido que pasar por aquello. Me culpé por ello, y lo sigo haciendo la verdad. Me prometí a mí misma que nunca más volvería a permitir ni frases que empezasen por "Padres primerizos" ni que nos mandaran a casa sin mirar a la peque si llevaba un par de días jodida.


Presenté queja formal al hospital Río Hortega, hacia el ámbito de urgencias pediátricas porque en otros sectores del hospital nos han tratado de diez siempre, y me respondieron que habían seguido el protocolo. Protocolo mis coj... A quienes nos mandaron a casa -en la queja lo puse- me gustaría saber si siendo su hija, nieta, prima, sobrina, etc. si habrían mandado a casa a la madre y al padre por exagerados o hubieran hecho pruebas a conciencia... Ahí cambiaría la cosa probablemente. Y sé que no ocurren estas cosas a menudo, pero a mí es lo que me pasó y me generó no confiar en el apartado pediátrico de ese hospital. Lo siento por toda la gente profesional que hay, pero el cabreo me hace generalizar a sabiendas de que no está bien hacerlo.


Estamos en momentos donde la sanidad pública está siendo clave, a pesar de los recortes que comenzaron en 2008 o 2009 y que ahora más que nunca están sentenciando lo que ha supuesto no invertir en mantenerla de manera adecuada y sí invertir en recortes de personal y material. El personal está haciendo su trabajo honorablemente con el Coronavirus, y desde luego no merecen llevarse mala fama por la mala praxis de una minoría -ni ahora ni antes, por eso tengo que seguir trabajando en limpiar mi cabeza al respecto en lo que al ala de urgencias pediátricas se refiere-.


Y SEGUIMOS DE HOSPITALES HASTA LOS DOS AÑOS

Después de aquello pasó un mes y medio y la peque contrajo infección de orina, que no saben si ya lo tenía camuflado desde que estuvo ingresada porque a veces con la medicación no se erradica del todo, y cuando pasa un poco de tiempo reaparece con fuerza.


El caso es que hubo tratamiento, análisis de sangre un mes después a ver si lo había superado y efectivamente ya no había ni rastro de infección, pero le vieron un riñón inflamado. Empezamos a hacerle un seguimiento del riñón, que duró varios meses hasta que volvió a la normalidad, pero en uno de esos controles de seguimiento le vieron por ecografía el bazo inflamado. El riñón estaba recuperado pero ahora tocaba vigilar el bazo.


Entonces le hicieron seguimiento, y en uno de los controles rutinarios le detectaron hipotiroidismo. La peque tenía año y medio cuando comenzó tratamiento en ese momento con motivo del hipotiroidismo, y ya es crónico pero no pasa nada porque con una pastillita en ayunas y una dieta equilibrada está todo controlado. Todo lo que os comento volvió a la normalidad: riñón, bazo... y tiroides con la "pastillina". Pero continuamos con hospitales: cerca de los dos años -junio 2017- se cayó al suelo, no puso las manos y se rompió un diente... La suerte es que no fue nada más que un trocito y sin llegar a la encía. ¡Menos mal! Y un mes después regresamos al hospital: se hizo una brecha en la frente con la mesa del comedor... No hubo puntos pero estuvo tres semanas con tiritas de aproximación... Y todo -tanto diente como brecha- de la forma más estúpida posible: simplemente jugando, y con nosotros delante...


Quien no nos conozca puede estar juzgando tras leerme: "vaya padre, vaya madre" o "son unos dejados fijo" o sentenciando simplemente por los tatuajes en mis brazos o la cresta que llevo en el pelo desde hace más de dos años -nos ha ocurrido lo de las miradas despectivas en parques, por la calle, en el autobús... No me lo invento-, pero quien sí nos conoce sabe perfectamente que no hemos dejado a la peque ni un segundo sola nunca y que somos muy protectores. Ya lo vamos siendo menos, de hecho yo ya en los parques me mostraba menos "pegajosa" -por miedo a que se cayera o algo no me desprendía de su lado- pero nos ha costado. Al final todo ha sido fruto de una asquerosa casualidad que generó muchos miedos en la maternidad, en mi maternidad, y que a fecha de hoy sigo arrastrando.


Pero con el paso del tiempo, amigas teniendo bebés y conociendo a más madres y padres, me di cuenta de que cada vivencia con peques es distinta pero igualmente intensa. Y en lo que a temas de salud se refiere tod@s han tenido situaciones complicadas en algún momento de la crianza. Los miedos en la maternidad han existido y lo siguen haciendo, aunque a veces se silencian. Hay que abrirlos más, sin importar que nos juzguen por hablar abiertamente de ellos.


FUIMOS RETOMANDO UNA PRECIOSA NORMALIDAD EN LA SALUD DE LA PEQUE

Nadine por fin cumplió dos años dejando atrás las pruebas cada mes y poco, salvo la de tiroides que es cada seis meses y como va creciendo le van controlando qué dosis necesita para que la pastilla haga efecto y funcione. Todo sigue bien, tiene más de 4 años y medio y una buena salud.


Esta foto que ves simboliza el alivio, la tranquilidad regresando a nuestras vidas sin casi revisiones y la superación de situaciones jodidas que hemos vivido. Ahí tiene dos añitos recién cumplidos, y esta foto la tengo en mi despacho de Agencia VB comunicAction por todo lo que representa.


Respiramos aliviados cuando comprobamos que de la pierna no quedaron secuelas, ni del riñón, ni del bazo, ni del diente roto, ni de la brecha en la frente (una pequeña cicatriz que le queda hasta graciosa), pero todo esto que te he contado me generó tal cuadro de ansiedad que cuando la peque tenía fiebre puntual yo me echaba a llorar entre temblores y preparaba un bolso porque pensaba que me la iban a volver ingresar... Esto duró unos meses hasta que me di cuenta de que debía aceptar que ella se pondría malita de vez en cuando y que era normal y necesario para ganar defensas. Lo naturalicé gracias a la insistencia de mis padres y mis suegros, que estaban verdaderamente preocupados por cómo me lo estaba tomando y me apoyaron un montonazo -y lo siguen haciendo, ¡qué ganas de abrazarlos, a ver si acaba este confinamiento por el dichos Covid-19!-.


CÓMO COMBATÍ LOS MIEDOS

Siendo realista porque no queda otra. No voy a poder nunca controlar si se pone enferma o no, y no está a mi alcance curarla cuando se trata de una infección que requiere tratamiento. Aprendí a afrontar las cosas como vengan, sin poner vendas antes de tener heridas. Y es que no queda otra, insisto. Aprendí a entender que la fiebre estaría presente a menudo y que no por eso iba a ser de ingreso hospitalario.


Desde luego lo que sí aprendí también es a no irme sin diagnóstico. De vez en cuando recuerdo aquello y la rabia se apodera de mí, queriendo apretar un botón que me lleve a aquellas urgencias y contestar a aquellas dos mujeres que nos dijeron lo de primerizos exagerados: les plantaría cara y les diría que nos atendieran como harían a un familiar suyo y que se dejasen de bobadas. Pero ese botón no existe, así que solo me queda aprender de todo lo vivido.


Así que recuerda: que no te tomen el pelo, que el instinto -seas primeriza/o o tengas más hijas/os- está agudizado y debes hacerle caso. Nosotros supimos que algo no iba bien, y mira la noche de bodas que pasamos gracias a ese instinto: no cambio por nada esa noche de bodas, aunque sufrimos mucho, pero salvamos a nuestra peque. Visto así es la mejor noche de bodas del mundo :-) ¿Ves? Al final también he aprendido a relativizar, así que me quedo con todo lo que he aprendido que no es poco.


TE PUEDE INTERESAR LEER DE MATERNIDAD Y MÚSICA:

Entrevista a Marina, cantante en XERIA y madre 24h

Entrevista a Laura Carrasco, bajista en LA MENDINGA y madre 24h


VISIBILIZANDO MUJERES:

Segundo Aniversario de sección Riot Girl en BANDERA NEGRA (Radio 3 Extra)

Mesa Redonda de Rockin' Ladies en Móstoles: así lo viví


OPINIÓN:

II Concurso de Bandas Z! Live Rock, así lo viví

Los trolls en internet: 3 tipos y mensaje personal


MENÚ WEB

ÚLTIMA ENTRADA 

DEL BLOG

SIGUE DISTRITO UVE EN:

  • Gris del icono de Spotify
  • Youtube DISTRITO UVE
  • vane balon linkedin
  • Twitter DISTRITO UVE
  • Instagram vane balon
  • Facebook DISTRITO UVE
Agencia VB comunicAction (3).jpg