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  • Vane Balón

CONCIERTO DE ZEA MAYS EN VALLADOLID: ASÍ LO VIVÍ

Actualizado: abr 14



El pasado 14 de febrero decidí celebrar San Valentín con música, acudiendo a un concierto del que tenías muchas ganas: la mítica banda ZEA MAYS.


Su poderoso Rock alternativo enérgico, interpretado con aportes del Indie Rock, Hard Rock y dosis importantes de Black Rock y electrorock, va perfilado con la voz majestuosa de Aiora como sello inconfundible mantenido desde hace 22 años.


Debo ser sincera y decirte que desde luego me sentí privilegiada porque presencié historia viva de la música alternativa contemporánea.


PRESENCIA ESCÉNICA HIPNÓTICA

Se notan las más de dos décadas de andanzas musicales, convirtiéndose la interpretación sobre el escenario en una de las definiciones imperdibles de ZEA MAYS.


Hay varias especificaciones concretas mantenidas a lo largo del directo que quiero mencionar, por la relevancia de todas y cada una de ellas.


Seguro que si estuviste en Valladolid, o bien los has visto en alguna ocasión sobre el escenario, te sonará lo que voy a destacar:

-La interpretación entregada del guitarrista Piti, aportando una serie de poses captando la atención de público y fotógrafos.

-La interpretación del baterista Asier, sonriendo y disfrutando de cada segundo a lo largo de toda la actuación.

-La solemnidad del bajista Rubén sobre el escenario.

-La conexión emocional de Aiora interpretando cada tema.

-La perfecta sincronización entre voz e instrumentaciones.

-Las limpias incorporaciones en tramos con cambios rítmicos o breaks.

-Brillante manejo de la intensidad.


UN SETLIST EXTENSO

Para una formación con una trayectoria que abarca un buen puñado de trabajos es de esperar un repertorio en directo de los más variado. En este caso ZEA MAYS ofrecieron 22 canciones en 2 horas de actuación aproximadamente.


10 temas eran del último disco editado en 2019, "Atera", pero no se olvidaron de canciones míticas que me emocionó presenciar en vivo. Clásicos contemporáneos como "Negua Joan Da Ta" o "Kukutza III" (del discazo "Era 2010") arrancaron aplausos efusivos y coreos de estribillos entre las personas asistentes.


Destaco "Gorputz Pentsamendu Huts" ("Era", 2010) y la pieza "Ilari Hilobi" ("Atera", 2019), que contienen esa mezcla apasionante del electrorock que maneja la banda fusionado con la oscuridad afín al sonido Black Rock que tanto me fascina.


DINAMISMO PODEROSO Y ENÉRGICO

La cita arrancaba a las 22.25h, justo casi una hora después de lo que marcaba el cartel. Yo llegué justo unos minutos antes rezando para que no hubiera comenzado -dejar a peque con abuel@s se complicó algo, jajaja-. Tuve suerte y respiré aliviada, la verdad (odio llegar y que haya empezado el concierto).


Arrancaron con "Haizearen Jainko Beltza", que bebiendo del incombustible poso del Indie Rock elaborado dejaba unas ambientaciones sonoras intensas continuadas en "Gaur Ni Naiz". Después mi favorita, "Edonora", que justo la había pinchado esa misma semana en la sección mensual "Riot Girl" que dirijo en el programazo semanal Bandera Negra (Radio 3 Extra) de Ramiroquai Mctersse.


Fue mágico ver y escuchar en vivo ese temazo que me tiene completamente enganchada -vale: todo el disco me gusta, de hecho es una obra maestra que va en la línea del talentazo de la banda-. "Kea" y las convulsiones instrumentales con las que cuenta dejaron alto impacto en el público. Casi desde que empezaron fueron tocando los temas sin parar, hasta llegar a la que sonó después: "Ur Jauzia".



Antes de comenzar Piti se cambió de guitarra y, entonces la interpretaron. Justo en torno a la mitad del tema el guitarrista se resbaló levemente con el cable, solventando la situación sin mayor trascendencia que la anécdota. Es tan incombustible sobre el escenario que se nota que está curtido en situaciones de este tipo.


Tras terminar la canción Aiora tomó aire, bebió un poquito y el baterista marcó el inicio de la siguiente canción tocando las campanas de viento mientras la suave voz de Aiora mostraba los coros iniciales de uno de los temas que atraparon aún más a los presentes: "Gorputz Pentsamendu Huts".


Ese misticismo que crean las ambientaciones electrónicas del tema golpean de lleno las bases del Black Rock en su máxima expresión, navegando por los mares del Dark Wave y reminiscencias del Post Punk en planteamiento compositivo. Del disco del 2010, "Era", es una pieza que remarco por la interpretación milimétrica que ofrecieron, tanto en voces como en apartado sonoro. Francamente se me puso la piel de gallina y se confirmó esa sensación de estar formando parte de un momento casi místico. Fue tal la entrega que al baterista tuvieron que facilitarle una toalla para poder secarse ante tanta entrega ofrecida desde el inicio del concierto.


Aplausos efusivos, observación del setlist por parte de Aiora y silbido que marca el comienzo de la canción más tranquila: "Ilunetan" ("Da", 2013). Sin parar sonó unida la siguiente pieza, "Elektrizitatea" (del disco del mismo nombre, 2000). Nuevamente se mantiene la esencia intimista, pero es importante remarcar que el hecho de pausar el ritmo y la intensidad instrumental no afectó a la atención del público, que no se vio para nada mermada.


Esto se debe al empaque emocional de Aiora interpretando la letra: un hilo conductor exquisito capaz de conseguir precisamente que en tramos del directo menos intensos a nivel musical sí lo fueran a nivel interpretativo. Se mantuvo el mismo hilo en "Atera", del nuevo disco. Fue estremecedor -en el mejor de los sentidos- poder contemplar el arte vocal de Aiora.


Con la siguiente canción retomaron el lado más ligado al Indie elaborado aportando la pieza "Amiltzen Ez Den Bat" ("Harro", 2016) para la que Aiora cogió el Cowbell para acompañar en percusión mientras cantaba. Después sonó "Enbata", también del disco "Harro".


En esta pieza, con ritmo indie elaborado, me fijé en que de repente el baterista estaba tocando con una baqueta en la boca mientras ajustaba una pieza con la mano libre. Todo esto que te cuento sin parar de tocar y sin notarse absolutamente nada acústicamente hablando. Brillante: la resolución de imprevistos sin que se perciban que los están solventando es lo que define al buen músico.



Se va retomando la intensidad con el siguiente corte, "Hiri Eri". Justo en el último tramo fueron disminuyendo la intensidad para ir dando protagonismo casi absoluto al coro y voz de Aiora al que se sumó parte del público.


"Ilara Hilobi" ("Atera") sonó después y llegamos a otra parte retomando ese sonidazo Black Rock que saben explotar y defender como pocas formaciones estatales. En esta canción se formó otro de los momentazos históricos de la velada: justo en el desarrollo instrumental se generó una comunión lisérgica que inundó absolutamente toda la sala. En la canción dura unos segundos, pero lo alargaron creo que conscientemente -o tal vez no y se dejaron llevar-, no lo sé pero en cualquier caso nos transmitieron esa energía artística propia de momentos en los que se entra casi en trance. Espectacular.


"Zintzilik" llegó después y con "Negoa Joan Da Ta" el público bailó y se desató aún más, coreando y disfrutando sin ataduras. El momento así lo requería: tuve la sensación nuevamente de estar presenciando historia musical contemporánea viva, y rescatando vivencias para este texto me viene a la mente la idea de tener suerte porque en un futuro -no demasiado lejano-, a ojos de generaciones venideras inquietas, me verán como afortunada por haberlos podido disfrutar en directo.


Sonaron "Bi Bihotz Bi Ero" y "Oihu" de "Da (2013)", aportando tregua rítmica y disfrute al público ante la presencia escénica del cuarteto. Desde luego es una delicia presenciar artistas que aman lo que hacen. Se nota, y se aprecia. Antes de empezar la siguiente Aiora comentó «Esto se acaba. Eskerrik Asko, Veníamos cagados de miedo a ver que nos encontrábamos y ha sido una pasada» y entonces arranca "Kukutza III", otra de las míticas. Entrega máxima de los cuatro sobre el escenario y del público, que bailamos sin parar disfrutando mucho. Sonó enlazada con "Gaur" ("Da", 2013). Aplausos intensos mientras Aiora se baja, el guitarrista y bajista también y el batera coge el micro de Aiora para decir «ahí tenéis merchandising a muy buen precio, gracias» y se baja también.



Como empieza a sonar música de fondo salen rápidamente y explica Aiora entre risas que tenían pensado alargar un poco más el bis, pero que al oír música de fondo no se arriesgaron por si les echaban y querían acabar el repertorio.


Y así disfrutamos de "Inurriak" ("Atera"), "Heztarritik Alura" ("Harro") y, como broche final, "Hondarretik Ondarroara" ("Morphina", 2007). En esta última canción se generó otro momentazo de la noche con bajista y guitarrista a pie de pista tocando.


Y después subieron al escenario sin parar de tocar, alargaron la parte instrumental final, se quitó Piti la guitarra, la encajó de canto en la batería y mientras aplausos extendidos durante minutos mientras sonaba la magistral lisergia contenida en este precioso corte. De verdad, sublime. Es de esas noches que deseas que no se acaben nunca.

Y para rematar la mágica cita pude acercarme a hablar con Aiora, que sabía quién era y con ello me dejó flipada para el resto de fin de semana, jajaja. Para mí es una artista ejemplar, un icono, y el inmenso honor de conocerla en persona me generaba hasta nerviosismo (trabajo mucho en esto porque soy tímida en las distancias cortas aunque estoy aprendiendo a disimularlo...).


Son personas cercanas que se estuvieron sacando fotos con asistentes, charlando con naturalidad y amabilidad. Esto dice mucho, y hablo con conocimiento de causa porque cientos y cientos de directos abordados, de distintos calibres y estilos en 10 años me han mostrado perfiles muy curiosos en lo que a cercanía con público se refiere.


Su cariño y simpatía trasladó aquel concierto de ZEA MAYS a un rinconcito importante dentro de los recuerdos musicales imborrables de mi vida. Gracias, de corazón.



P.D.: Pido disculpas por las imágenes, hechas con mi teléfono para poder documentar esta preciosa cita. Lo mío no es lo de sacar fotos, así que espero que el texto haya compensado ;-)

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